3.31.2014

Hoy te he visto





Hoy te he visto por la calle y te he mirado,

hoy te visto ¡tan preciosa!, ¡tan bonita!

Un besito con mi mano te he soplado

y tú al verme te has quedado sorprendida.

 

He vencido mis anhelos de abrazarte,

he escondido mis deseos de quererte,

he seguido mi camino sin hablarte,

y he llorado de tristeza al no tenerte.

-María Jesús Blanco-

3.05.2014

Confía… Recomponte… y Confía


 
Tienes el alma curtida,
estás curada de espanto,
te lamiste las heridas
para continuar luchando.

Sé que has pasado bastante,
que quieres vivir tranquila.
¡Y ahora te hiere la vida…
cuando más debía premiarte!

Te suplico que no cedas
ante una prueba tan dura…

¡Despierta tu alma guerrera!
¡Prepárate para la lucha!
Pues ganarás esta guerra
como ganaste otras muchas…

Confía en ti amiga mía,
he irás ganando batallas,
una a una... día a día.

Y confía… recomponte… y confía,
que no existe aún la amenaza
que pueda traspasar el escudo
de la invencible esperanza.

-María Jesús Blanco-

Marimar, cuando te veas flaquear lee esto y confía... solo confía. Te quiero.

2.18.2014

Hoy por la mañana




Llaman a la puerta y cuando salgo al pasillo mi padre ya había abierto. Es mi hija que viene a visitarme y tras ella sale mi nieta a mi encuentro, regalándome un abrazo lleno de sentimiento y me besa en la cara para decirme al oído “Te quiero mucho”…. Mi hija me mira con sonriendo y habla de forma distendida sin perder la sonrisa en ningún momento. Yo me siento ¡tan feliz!, que ni siquiera me atrevo a preguntar el porqué del cambio de actitud, por miedo a estropear la magia del momento.
En medio de nuestra conversación, mi nieta aprovecha para abrazarse a mí, mirándome amorosamente y besándome, como queriendo recuperar lo perdido en los meses pasados… Casi no puedo creer lo que está pasando y me embarga un sentimiento de alegría ¡tan grande! Mi hija sigue hablándome y mi nieta se pega a mí, entonces yo la miro sonriendo y ella me dice “pegadita a tu cuerpo para sentirte, como hacía siempre, que me encanta sentirte”…
Hay un momento de la conversación con mi hija en que la ofrezco un sofá rinconera, por si lo quiere poner en el patio trasero, ella muy contenta me dice que sí, que se lo lleve a casa y que ya verá dónde lo coloca, porque no tiene sitio, pero que su marido se lo buscará… Está preciosa, su expresión es relajada y sus ojos reflejan naturalidad… Le llevo la rinconera a su casa, excusándome por lo vieja y rota que está, en realidad está para tirarla a la basura; pero es lo único que tengo para darle y ella me dice que no le importa cómo esté, que de todas formas va a colocarla en el patio. Me siento feliz de que acepte algo tan cutre con tanta alegría. La niña no se separa de mí ni un instante y con cara picarona le dice a su madre que si puede quedarse conmigo toda la tarde… “¿Hasta que anochezca?”- pregunta mi hija a la niña. “Siiiiiiiii, porfa, porfa, porfa!!!!”… “Vale te dejo, y si quieres puedes quedarte a dormir con la abuela”-. La niña da un salto de alegría gritando “¡Viva!”. En ese momento siento que todo vuelve a estar en su sitio… Miro a mi hija con agradecimiento y siento el impulso de besarla, pero aún no me atrevo, no quiero forzar las cosas. Abrazo a mi niña con regocijo y es en ese momento cuando algo me despierta… abro los ojos y descubro que todo ha sido un sueño, un precioso sueño. Me quedo mirando al techo confusa, hasta que tomo conciencia de la realidad… y me levanto con los ojos ahogados en lágrimas, porque tengo que superar otro día de tristeza…
-María Jesús blanco-

2.05.2014

Aunque aún no hayas nacido




Tengo miedo de quererte,
e ilusionarme contigo
de necesitar tu presencia,
y entregarte mi cariño.

De dedicarte mi tiempo
y de cuidarte con mimo.

Miedo de necesitarte,
miedo a caer en tu olvido,
miedo febril de perderte…
aunque aún no hayas nacido.

Y es que fui una vez abuela,
la más feliz que haya habido,
de una preciosa princesa,
a quien di mi amor y mi abrigo.

 Ella me correspondía
con gestos muy divertidos,
con abrazos, con sonrisas,
con dibujos, con suspiros…

Pero por cosas que hacemos
los adultos resentidos,
mi princesa ya no es mía…
Me ha borrado de un soplido.

Yo ya no estoy en su vida,
soy un recuerdo extinguido…

Y desde entonces, mi cielo,
aunque aún no hayas nacido,
tengo miedo de perderte,
sufriendo de nuevo un olvido.

-María Jesús Blanco-