11.20.2011

11.687 días contigo



Esta tarde he abierto un baúl olvidado, y dentro había 11.687 días…

... Estaban mezclados sin orden ni concierto y, al verlos así, no lograba diferenciar unos de otros; así que armándome de paciencia he metido mis manos dentro, con mucho cuidado, para ir separándolos y adivinar cómo eran cuando los viví. Al tocarlos me ha invadido un mar de sentimientos y sensaciones, viniendo a mi memoria innumerables recuerdos que habían dejado de visitarme… y allí estaban de nuevo, al alcance de mi mano, envolviéndome en ese sereno y eterno canto del tiempo… “tic, tac”… “tic, tac”… “tic, tac”…

El primer puñado que he cogido, era sombrío y triste, lleno de dolor, decepción, rupturas y equivocaciones… eran días de estos últimos cinco años, esos en los que mi cuerpo era una cámara de tortura, en los que todo por lo que trabajamos se hundió y en los que tú y yo nos fuimos distanciando… esos que casi me han hecho olvidar todo lo anterior.

Pero afortunadamente eran sólo unos pocos comparados con el total, los he apartado a un lado para ver más en el fondo del baúl y al coger otro puñado, uno se ha enredado entre mis dedos, era el día de nuestra boda… Iba vestida de novia, camino de la iglesia, en un coche lujoso que conducía mi primo; como llegué demasiado pronto, nos fuimos a una bodeguita que había justo al lado de la iglesia. Fue gracioso, porque mi padre, mi primo y yo entramos, y todos se quedaron con la boca abierta al ver entrar a una radiante novia… casi me muero de la risa. Ese fue uno de los más felices de mi vida, pero no el más feliz…

Seguí curioseando en el baúl, algo más animada, palpando a tientas. Me llamó la atención un brillo y mis ojos vieron aquellas vacaciones en Aguadulce, los dos solos, cuando nuestros hijos ya eran mayores. Fueron siete días maravillosos, en los que disfrutamos el uno del otro al máximo, ¿lo recuerdas?... qué felices éramos en esa época. Todas las mañanas comíamos unas sardinas en el chiringuito de la playa… con cuánta gracia contaba chistes el camarero, y qué bien nos sabían esos ratitos.

Cada vez más animada iba descubriendo nuevos recuerdos… el día que nació Daniel y el que nació Laura; cuando los vi pensé “estos son los más felices de mi vida”; eran de los mejores sin duda, sin embargo me faltaba algún recuerdo que era más feliz… ¿qué puede haber mejor que ser madre? Repasé sus primeros pasos, sus primeras palabras… cuando les salieron los primeros dientes, ¡cuánto orgullo hemos sentido siempre de ellos!

Vi esas vacaciones en Almería, cargados con las colchonetas hinchables, la nevera, las tumbonas, flotadores, ¡vaya trajín!, y todo para que los niños lo pasaran bien… y cuánto nos queríamos.

Pasaron miles y miles de días ante mis ojos, casi todos ellos felices, también vi esa depresión a los treinta… me hizo madurar mucho y no volví a caer en otra. El día que fuimos abuelos… ese sí que fue un día feliz. Paula nos llenó de vida y alegría a los dos.
Fuimos prosperando en la vida, con mucho trabajo y dedicación. Y los mejores años fueron justo los anteriores a la peor época de nuestra vida, ¡qué contraste tan enorme!

Después de unas horas me sentía bastante bien porque había recuperado todo lo bueno que hemos vivido, sentí que la vida había sido generosa con nosotros y, que al mismo tiempo, nosotros hemos sido generosos con ella.

… Y cuando me disponía a cerrar el baúl con un sentimiento de alegre melancolía, uno de los días se desprendió de la tapa… era el primero que amanecimos juntos; me desperté de madrugada y me abracé a ti con fuerza. Recuerdo que lloré de felicidad,  ¡ese fue el día más feliz de mi vida!, nunca he sentido la felicidad con tanta intensidad. Viviría mil años de penuria sólo por repetir ese instante…

¡No sabes cuánto me alegro que hayamos vuelto a estar juntos! Llenaremos los días venideros de buenos momentos, para contrarrestar estos años de dificultades…
Todos esos días de felicidad son unos fuertes cimientos que nos reportarán muchos años de amor y cariño, y todo el dolor que hemos pasado y nos queda por pasar, serán nuestros  pilares de apoyo para salir adelante.

Juntos seremos resistentes como un roble y nos mantendremos en pie, por muy fuerte que sople el viento, por muy brava que sea la tormenta… nada podrá con nosotros mientras estemos unidos.

Te quiero y me siento feliz de estar contigo desde hace 11.687 días…

-María Jesús Blanco-

3 comentarios:

  1. Bueno, qué decir amiga... casi me has hecho participar de cada momento relatado como si formase parte del decorado...

    Pude ver a los parroquianos de esa bodeguilla sorprendidos y alegres a la vez por ser partícipes de ese momento, que seguro ellos tampoco habrán olvidado.

    He podido sentir la emoción y los sentimientos de esos momentos más especiales... y la determinación de no volver a caer en otra...

    Y puedo sentir la paz y la alegría del momento presente, esa que rezuman tus escritos...

    Un abrazo María Jesús.

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  2. Gracias Ernesto, esta es una dedicatoria muy especial y me hubiera gustado entrar en más detalle, de hecho es mucho más extensa, pero he dejado la esencia del mensaje... si les ves la cara a los parroquianos te habrían dado ganas de hacer una foto jajaja

    Un saludo

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  3. Recuerdo que fue esta fotografía tuya la que me hizo preguntarte si era actual... Sí, respondiste con total naturalidad, de hecho es de hace poco tiempo. Suelo renovarla a menudo.

    Hoy, con el paso del tiempo, descubro unas palabras tuyas que, parecidas, repites en tu viaje a Asturias... Las acompañan otras, sentidas y entrañables, pero que no contrarrestan su influencia... Y que sé que no hay que expresar:

    ¡ese fue el día más feliz de mi vida!, nunca he sentido la felicidad con tanta intensidad. "Viviría mil años de penuria" sólo por repetir ese instante…

    Aquí lo dejo amiga...

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Las huellas hacen el camino... gracias por dejar la tuya