4.25.2011

El mejor regalo del mundo

Hoy por la mañana he estado escribiendo algo especial para mi madre… todos sus hijos e incluso nietos lo estamos haciendo. La intención es entregarle un libro con todos nuestros escritos dedicados a ella, un libro lleno de palabras profundas de amor, cariño y agradecimiento. Cada uno de nosotros le dedicará una página, diciéndole todo aquello que se nos queda muchas veces sin decir… esto mismo lo hicimos el día del padre. La genial idea la tuvo mi hermana Raquel, que es la pequeña de once hermanos y con mucha ilusión hemos cumplido este precioso gesto que, entre otras cosas, ha unido aún más a toda la familia. Lo cierto es, que al escribir mi dedicatoria han salido tantas y tantas cosas… tantos recuerdos y buenos momentos vividos con ella “MI MADRE”. He llorado mucho al recordar, emocionada y agradecida por tener una madre como la que tengo… y creyendo que sabía lo mucho que la quiero, he descubierto que estaba equivocada y que la quiero muchísimo más de lo podía imaginar.

He querido compartirlo aquí, porque si alguno de los que leen este post, no saben o no tienen claro qué regalo podría ser el mejor, sin dudarlo, una dedicatoria de todos sus hijos le llegará más directamente al corazón que ninguna otra cosa. Lo sé, porque cuando mi padre recibió su libro dedicado, lloró de felicidad y se sintió el padre más querido del mundo.

Ahora emocionada aún por las palabras que he escrito a mi madre y las que hace unos días escribí a mi padre, me siento satisfecha y feliz de haberlo hecho… nunca tendré esa sensación de impotencia porque ya les dejado por escrito todo cuanto se puede decir a unos padres. No se me vendrán a la cabeza frases como “ojalá le hubiera dicho…”, porque se lo he dicho. Me siento una buena hija por este pequeño y a la vez gran regalo… y estoy impaciente por que llegue el primer domingo de mayo para ver la cara de mi madre.

Y para terminar… esto que hemos hecho mis hermanos, mis hijos y mis sobrinos, no quedará en nosotros, porque algún día, mis hijos lo harán conmigo y mis sobrinos con sus padres. ¿Qué puede ser más hermoso que los sentimientos de tus hijos plasmados en un libro para verlos siempre que quieras?

Un beso para todos

María Jesús

4.17.2011

Instantes


Poema atribuido a Borges, pero cuyo real autor sería Don Herold o Nadine Stair.


Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años...
y sé que me estoy muriendo.

Hoy he querido poner este gran trozo de sabiduria que hace mucho que no leía y que ayer, casualmente, vi en el muro de una amiga de facebook... y para recordar que no debo esperar a los 85 para vivir todos los "instantes" bonitos que me sea posible. Deseo lo mismo para todos los que estáis leyendo.
Un abrazo.
*María Jesús* ME GUSTA

4.09.2011

Divagación...

Hoy, después de trabajar en las plantas del jardín, me he sentado a descansar en una tumbona, disfrutando del canto de los pájaros, los rayos de sol, el aire fresco y la preciosa imagen que me ofrecían las hiedras, rosales, etc. Había un grupo de avispas revoloteando entre las flores, buscando un lugar seguro para hacer una colmena. Eso es lo que al menos he pensado, ya que esta mañana Paco les ha destruido las que tenían hechas en la ventana del salón. Mientras las miraba, me he vuelto instintivamente, y cuál ha sido mi sorpresa al encontrar una gran araña, colgada de su hilo, acechándome. En otros tiempos habría salido corriendo; pero en esta ocasión, he cogido mi zapatilla deportiva y he atacado mortalmente a la araña… me he sentido fatal. Me remordía la conciencia. Estos días he quitado de en medio una docena de saltamontes y ahora la araña ¡me he sentido asesina! He vuelto a acomodarme en la tumbona y es cuando me han asaltado pensamientos en cadena…


Tengo un jardín, un trozo de naturaleza, para mi uso personal ¡qué egoísta! Debería respetar a todos los bichos que ello conlleva, pensaba mientras miraba a las avispas… Los saltamontes y las arañas forman parte de esa naturaleza. Por otra parte… ¿hay algo más natural que marcar tu propio territorio? Los animales lo hacen; no sólo marcan su terreno, también miden su fuerza para sobrevivir. Eso es lo que hago entonces; marcar mi territorio, protegiendo así mis rosales de las plagas que se los comen. Y dejo entrar sólo aquello que es inofensivo y aporta belleza o mantiene el equilibrio, comiéndose los bichos, como por ejemplo las salamandras, que se merecen todo mi respeto. Las mariposas aportan belleza y alegría, las libélulas me encantan, las mariquitas, los zapateros… incluso las hormigas. Las hormigas me fascinan.

Las observo todos los años. Para ello riego el suelo de migas de pan o trocitos de queso y me siento a esperar. A los pocos minutos, aparece una o dos hormigas, se acercan a los trozos de pan, dan un rodeo al botín he intentan cargar con él… lo sueltan, se alejan por donde han venido y mueven sus antenas mandando un aviso, luego vuelven al trozo de pan. A los pocos segundos aparece un gran número de hormigas que se van posicionando alrededor de cada trozo. Es muy curioso porque se organizan muy bien. Varias hormigas cargan el trozo de pan repartiendo el peso, cada una sabe dónde debe ponerse, y una vez que están todas bien colocadas, empiezan a llevar su botín al hormiguero… todas al unísono, como si fueran una sola van salvando obstáculos con su carga. Si una se quita porque desde su posición no puede continuar, otra se mueve de sitio y luego vuelve a colocarse la que se quitó cuando es posible… se turnan por el camino para cargar el peso ¡es increíble verlas!

El tema de las hormigas me ha enseñado mucho, gracias a ellas he aprendido algo importante: el yo, mí, me, me aporta una miguita de amor; pero el tú, ti, te, me aporta una gran cantidad de migas o lo que es mejor, una gran miga de amor. Las hormigas no son individualistas como el ser humano y eso las hace fuertes, muy fuertes. Ser parte de un todo me hace mucho más grande, mucho más querida, mucho más feliz y sobre todo, se recibe muchísimo más del “tú” que del “yo”. Por eso si la reencarnación existe y me tocara nacer como animal o insecto… quiero ser una hormiga exploradora.

Y ojalá los humanos fuéramos más parecidos a ellas, que cumplen sus funciones en beneficio de la comunidad y no en el suyo propio, recibiendo ese beneficio amplificado por y para cada una de ellas.

Y después de soltar este pedazo de cacho de trozo de rollo, me voy a poner miguitas de pan para volver a ver a las hormigas.

Un beso a todos los que estáis leyendo.

*Cuchu* ME GUSTA